Pedro:
Gobiernas creyéndote el centro del universo, pero el universo, vasto e indiferente, te engullirá en el olvido.
Tu arrogante superioridad moral se descompone bajo tus pies.
Eres contingente y finito.
Eres mortal.
Y quizá, en el instante final, te llegue la luz, la verdad, la que siempre estuvo ahí:
“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27).
Nada más.
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