Esta es la carta que remití al director de ABC para su publicación, el día cinco de julio:
Señoras y señores diputados:
Hay instantes en la vida parlamentaria en los que la responsabilidad adquiere una dimensión que no admite delegación. Son momentos en los que cada representante se encuentra a solas con aquello que la Constitución le confía: la obligación de decidir conforme a su conciencia.
El artículo 67.2 establece que los diputados no están ligados por mandato imperativo. El artículo 79.3 añade que el voto es personal e indelegable. No son fórmulas jurídicas: son los pilares que sostienen la dignidad del Parlamento.
Durante mi etapa en la X Legislatura viví decisiones que exigían esa soledad responsable. En todas ellas comprendí que la disciplina de partido, siendo legítima, nunca puede sustituir la reflexión individual cuando la trascendencia institucional lo reclama. La conciencia del diputado no es un recurso retórico: es la última garantía de la integridad democrática.
Por ello, esta carta no pide un sentido de voto. Pide algo más solemne y más difícil: que cada diputado, sea del PSOE o de cualquier otro grupo, ejerza la responsabilidad que la Constitución le reconoce y le exige.
La ciudadanía observa no solo el resultado de las votaciones, sino la altura moral de quienes las protagonizan. Y esa altura se mide en el instante silencioso en que cada diputado decide cómo votar.
Que ese instante sea digno de la institución que representan.
Guillermo García Gasulla
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